Ignoro cuánto tiempo habré estado de ermitaña esta vez, pero cronometrando según el progreso que ha invadido la capital y a través de mis asombrados ojitos, deduzco que el período de mi escabullida fue bastante largo.
Bueno pues, como lo que más me divierte cuando salgo a socializarme es el metro... allá los boletos! En primer lugar, me sorprendí de que a la entrada de la estación me metieran, literalmente, un diario debajo del brazo... y que no me lo cobraron a mí, por picha, ni a los otros, sepa Moya porqué. Pero, como en este ámbito no hay tiempo






¡Qué dice el púuublicoo...!!!
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