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CUENTO: Potencial victimario

Enviado por Primavera Silva Monge el jueves, 26 junio, 2008 a las 17:56
Primavera Silva Monge

            Que mi padre se matara tras ser estafado por su socio y que mamá pariera a mi hermana, pareció suceder dentro de una misma hora de tiempo, sin embargo, fueron hechos separados por varios meses.

Aún recuerdo con nitidez la discusión que tuvieron por causa de la fallida píldora:

 -          ¡Justo ahora! No tenemos ni medio pariente que pudiera echarnos una mano...

            Y no hubo caso que ella entendiera que era tiempo de abortar.

Cuando muchacho, solía oír y hablar de esos temas con tanta frialdad o risotadas como fuera posible, quizás rehuyendo las emociones que el tema implicaba; pero cuando esa noche escuché cómo mi padre intentaba ordenar su vida en base a un aborto, sentí que mi  masculinidad perdía estabilidad mientras lloraba detrás de la puerta. Logré restablecerme solamente cuando mi madre le aseguró preferir el divorcio. Un portazo selló el último adiós de mi padre, quien enceguecido por sus múltiples sinsabores, condujo su automóvil con inconciencia. Tardamos dos semanas en saber que había muerto en aquel accidente y yo, habiendo estado secretamente a favor de la decisión de mi madre, con la fatídica noticia me revelé contra ella, recriminándole que hubiera preferido ese feto inesperado a la vida de su marido.

           Me fui a vivir a casa de Jaime, mi compañero de universidad. Cuando llegó el momento, su madre tímidamente me sugirió reconciliarme con mi progenitora, a lo que accedí a regañadientes. El contraste que procura el tiempo, hizo que desconociera a esa mujer que aparecía frente a mis ojos, tan desvalida como gatita callejera: Allí, sola sufriendo de parto, hizo que odiara lo que le abultaba el vientre de esa manera.

 -          Mamá...

-          Julito...

-          ¿Te duele?

-          Es natural... Igual pasó contigo...

-          ¡Pero... pareces enferma!

-          Sí, así parece...

-          ¿Por qué no hiciste lo que te sugirió el papá? Repliqué enojado.

-          Julito... ¡No otra vez!

-          ¡Pero, si yo nunca te dije nada!

-          ¡Tú no! Pero tu padre sí lo dijo hace unos veinte años... ¿Entiendes?

       Antes de que pudiera recuperarme del golpe sicológico, mi madre fue ingresada a pabellón y aunque ella solía ser traviesa, no hubiera imaginado nunca el cuchicheo malicioso, que se dejaba oír de labios del personal hospitalario, relacionando mi pelo tipo punk con su maternidad. Pensando en ello me dormí en la sala de espera hasta que una anciana paramédica me avisó: “ Fue niñita, pero su señora está muy agotada para recibir visitas el día de hoy”.

           En ese preciso momento, sin entender la razón, toda la ternura que sentí al ver a mi hermana, se congeló y transmutó en un perfecto rechazo. Di vuelta la espalda perturbado y volví a mi refugio. Al otro día sentí que no quería amanecer. Intentaron despertarme varias veces, pero continuaba hundido en la cama y mi malestar. No quería aceptar al nuevo miembro de la familia.

 -          ¡No! ¡No contra mi voluntad y la de mi padre! Grité descolocado. Estaba muy confundido.

 Ya de noche y en la oscuridad, alguien de paso apresurado llegó hasta mí puerta. La señora Irma le atajó haciéndole guardar silencio mientras le susurraba:

 -          ¡No! ¡No se lo digas ahora; qué sacas! Sólo mañana la puede retirar...

-          ¡Pero mamá! ¡Creen que Julio es el marido...!

 Me quedé sin respirar tratando de entender de qué hablaban, pero fue imposible. Los latidos de mi corazón se habían hecho tan fuertes como ensordecedores.  Aún no sé cómo pude dormir hasta la mañana siguiente, en que la mamá de Jaime me llevó un café y con ojos llorosos escondió un rosario entre mis manos, a la vez que me decía:

 -          Para que te acompañe, Julito... para que te acompañe...

-          ¡Qué le pasa tía!

      Me abrazó llorando y con un profundo sollozo pareció responderme:

 -         Tienes que ser bien hombrecito, Julio. Tu mamá se ha ido y tu hermanita te necesita...

            Iba a preguntar yo,  con enojo,  que a dónde se había ido, pero Jaime irrumpió en la confusión:

 -          ¡Está muerta, huevón! ¡Cómo no vas a entender...!

 Tiré todo lejos y salté de la cama. Me vestí como pude y salí corriendo seco de lágrimas y entendimiento; ni siquiera había sumado los acontecimientos, sólo ese último me aturdía y lastimaba la razón.

 -          ¡Muerta... muerta...! Pero por qué... ¡¡¡Por quéeeee!!!

 Correr y gritar desde mi estómago, eran una sola cosa. Perdí la noción del tiempo y caminé durante horas. Al atardecer llegué a una cumbre montañosa y allí, frente a la majestuosidad de los montes y la inmensidad del espacio, mi mente comenzó a arrojar ideas de toda índole. Cuando logré, en parte, sopesar lo ocurrido, grité mi indignación al vacío:

 -          Acaso yo... ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Y más mierda! ¿...Acaso yo, deberé cuidar a esa asesina asolapada?

       Escondí la cara entre mis manos, avergonzado de mis propios delirios y lloré. Lloré hasta hinchar mis ojos y afectar la garganta con la sal de mi amargura. Lloré hasta comprender que esa pequeña harpía, era el único pariente que entonces tenía. Se hizo un silencio sobrecogedor tras mi reflexión, que envolvió mi descenso lento y divagante, pero se rompió con el sonido de mis zancadas, que me llevaban corriendo hacia el hospital.

          Al llegar y abrazar a mi hermana, gritaba como enloquecido: ¡Gracias madre, por no haberme dejado tan solo!

 Primavera Silva Monge

1995

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¡Ya!...

Enviado por el miércoles, 16 julio, 2008 a las 19:30
Tom Collins

Con este cuento ya quedé en estado catatónico...

Ya me estoy preguntando ¿por qué tanta crudeza?... ¿porqué tanto dolor?... ¿cual "por que" es el que debo usar?.. (mi intuición me dice que el primero).

Creo que querría leer un cuento en el que me impresionaras con tu increible humor, con tu crítica destemplada, o con tu contagiosa alegría...

Seguiré hurgando...

Tom


Hermoso

Enviado por el viernes, 27 junio, 2008 a las 11:56
Félix Pérez
Impredecible.Intenso. Me gustó.

La firme, a mí no me gustó mucho...

Enviado por el viernes, 27 junio, 2008 a las 15:28
Primavera Silva Monge

...porque fue un cuento a presión, que debí escribir (hace mil años) para un concurso en El Mercurio.

Pusieron la foto de un lolo onda punk (cuando eran considerados el demonio viviente)  sentado en la parte más alta de una montaña gélida...

En esa imagen debías concentrarte para que protagonizara el cuento, que debía llevar guiones, vida, muerte, risas....

...improperios...

¡No! Esta parte la inventé yo cuando quedé fuera del concurso. ¡Jajaja!

Gracias por tus comentarios. ¿Has escrito a presión? ¡Es terrible! Hasta hace poco lo estuve haciendo para un periódico español y me estresaba su buen poco. En estos días, si es que el editor no me dió la PLR ... de repente vuelvo...

PD: Por siaca... te dejé saludos de cumpleaños. Para ver el regalo, sólo lo pinchas.

 

 


Estupendo, me encantó, ¿por qué ...

Enviado por el viernes, 27 junio, 2008 a las 19:55
María Teresa López

Estupendo, me encantó, ¿por qué quedaste fuera del concurso?, estúpidos.

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