Ignoro cuánto tiempo habré estado de ermitaña esta vez, pero cronometrando según el progreso que ha invadido la capital y a través de mis asombrados ojitos, deduzco que el período de mi escabullida fue bastante largo.
Bueno pues, como lo que más me divierte cuando salgo a socializarme es el metro... allá los boletos! En primer lugar, me sorprendí de que a la entrada de la estación me metieran, literalmente, un diario debajo del brazo... y que no me lo cobraron a mí, por picha, ni a los otros, sepa Moya porqué. Pero, como en este ámbito no hay tiempo para reflexiones profundas, ya en el carro, me propuse observar qué tal iba la evolución del humano métrico. ¡Y pucha! Todos estaban cabeza agacha en la función de leer el diario gratuito y no me quedaron más seres analizables que los analfabetos (escasos en mi país), que obviamente no supieron leer mi mirada; los ciegos que no pudieron leerla y los disléxicos, que en ella sólo vieron coquetería e hicieron caso omiso a las señales de oro de mi reciente y feliz estado civil. ¡Menos mal que la Plaza de Armas me quedó súbitamente a mano! Primavera Silva Monge Julio 2002






-----------------
HANTONIO
Prima mi amiguita, tengo ganas de saber escribir....te remito todas las letras en verde?
Besitos