8:30, estación Parque O’Higgins. Espero sin saber si tengo destino dentro de la próxima media hora. Aún no soy nada, aunque trate de ser, pero es casi una misión imposible, así como también, observar un acuerdo entre mis hetereogénicos compañeros de carrera, que aún no manifiestan características que nos aúnen.
Aunque no llego a llorar, sí clamo por solidaridad hasta que alguien me permite poner un pie invertido dentro del carro. Era todo lo que necesitaba. Lo demás lo hacen mis fuerzas glúteas.
Aguantando la respiración, para no dañar a nadie con mis astilladas costillas, llego a la estación Los Héroes (que bien le hallé el nombre!). Este es el enlace necesario para definirse, para engendrarse como coetáneo métrico. Por lo que siento, supongo que aquello ya aconteció.
Con un poco de fricción, algo va sucediendo. Sacudidas, manoseos, cartereos y otras actividades son eyaculadas dentro del vagón y sorpresa! La casta espermiosoide del Metro habla! El duro trance de la concepción funcionó como terapia para la mudez. La gente se queja, y se ríe a la vez. Entre muecas y sonrisas, nos devolvemos pelos, piojos y otros enseres de cada cual, arrastrados y confundidos en el enlace. Yo devuelvo los agarrones y los pisotones. Ni tonta algo más.
Así, viajamos enfrascados durante quince metro-minutos, suficientes para el desarrollo fetal de un usuario mañanero (del que marca tarjeta).
Estamos llegando al momento preestablecido del alumbramiento, sin tener la certeza de nacer, ser abortados antes de llegar o ser abandonados pasadito, obligándonos a pasar por donde dice “no pasar”.
8:45, estación Santa Lucía. Llegué a mi destino, agradecida de mis congéneres, que pujaron para “nacerme” en esta aventura de sobrevivencia no apta para menores de 14 años.
Y a pesar de todo, mi reflexión es positiva, considerando que esta crisis del transporte de pasajeros, como toda crisis social, puede contribuir grandemente al descascaramiento de nuestra frialdad, indiferencia y personalismo, dejando al descubierto nuestra hermosa, bellísima y tierna humanidad.
Primavera Silva Monge
Marzo 27, 1996






¡Qué dice el púuublicoo...!!!
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